Nueva mentalidad para trabajar 💪 Sé músculo, no grasa.

En el mundo en que vivimos ya no hay guión, el futuro es impredecible y en países como México hasta el pasado lo es, precisamos de una nueva mentalidad, superior, más profesional, más propositiva, más dispuesta a pensar, proponer y trabajar en lo que haga falta para estar en la frontera de nuestras capacidades y afrontar con entusiasmo nuestra agenda diaria.

Muchos profesionales se encuentran atrapados en rutinas no productivas haciendo lo mismo de siempre solo para obtener el cheque de siempre, para algunos el trabajo representa monotonía, un mal necesario, un obstáculo para estar con la familia y tener una vida personal de calidad, algo tan malo que hasta pagan por hacerlo, pero podría representar un vehículo de realización, fortuna e identidad, ¿qué hace falta?

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No existe el trabajo perfecto, nadie ama todas las facetas de su labor, algunas actividades nos llenan de energía pero otras no, quizá el trabajo que te encanta está frente a ti pero debajo de cosas que no te inspiran: malas relaciones, horarios, reportes… no hagas algo que apenas se aproxime a lo que te emociona, por buena que sea la paga no tardarás en frustrarte.

La gente aceptamos un empleo por remuneración pero no nos mantenemos ahí a menos que nos guste lo que hacemos, no permaneceremos jamás en un lugar que no nos ofrezca como mínimo una compensación fuera de la financiera, el dinero es importante pero no lo único, en ocasiones es incluso insuficiente si se presenta solo.

El estrés no se origina por tener mucho trabajo como sí por tener baja posibilidad de decisión o de control, o por existir poca relación entre las tareas y las fortalezas personales; el concepto de trabajo, en física, refiere al gasto de energía y muchas veces en el entorno profesional representa solo eso, un desgaste, y no debería ser. Si no lo disfrutamos de forma cotidiana, el trabajo puede convertirse en una tortura.

Antes, las empresas eran pirámides donde todos teníamos un escalón. Nuestra forma de crear valor dependía de lo que dispusieran los de arriba, éramos parte de una maquinaria, reemplazables, obedientes, empeñando nuestra habilidad de pensar para sólo seguir instrucciones; hoy las cosas son diferentes, ya no somos equipos jerárquicamente organizados que laboran en el mismo lugar, hoy somos más bien una conjunción efímera de talento inter-conectado para crear una dimensión específica de valor.

Diseña tu quehacer. Convierte la mejor parte de tu trabajo en la mayoría de él, negocia con tu organización, hay altas probabilidades de que puedas aplicar tu talento a objetivos que favorezcan a todos y que al paso te proyecten, de cierta forma es por lo que te contrataste ahí en primer lugar, asúmete como un genuino colaborador y conceptualiza a tu trabajo como una auténtica contribución generadora de valor; si fuera el caso, deja de verte como un empleado preso de circunstancias ajenas a tu control haciendo tareas sin sentido ni significado.

Aporta. En tu organización, como en tu vida, sé músculo no grasa. Si no estás haciendo lo que quieres hacer, cambia tu agenda, si no estás contento con tu actual cosecha comienza a plantar una nueva; no esperes y menos te quejes, no te detengas cuando notes que el mundo no está dedicado a hacerte feliz, diseña tus días donde estés y con los recursos que tengas: Julio Verne nunca salió de su aldea pero fue capaz de viajar a la luna y veinte mil leguas debajo del mar; el libro de viajes de Marco Polo, Aventura de la Libertad, fue escrito en la cárcel de Génova y Don Quijote, otra aventura de la libertad, nació en la cárcel de Sevilla; fueron nietos de esclavos quienes generaron el jazz, el más libre de los estilos de música; ¿cuánta autoridad tenía Gandhi en 1935? ¿o Luther King en 1959?, ¿o Mandela en 1988?, ninguna, y no solo eso, los tres estaban en la cárcel.

Lo que haces con tu tiempo y lo que haces para vivir bien son a veces cosas distintas y no puedes tener días satisfactorios o tolerables así. No puedes hacer algo que no te llene aunque ganes bien, ni hacer lo que te gusta sin ganar un quinto desde luego, sé parte de algo que te mueva tanto que quieras hacerlo más veces y más grande. Ya. Sé un jugador y no un espectador en tu entorno profesional.

Para Lee Iaccoca, alguna vez CEO de Chrysler: “en las organizaciones siempre hay un grupo con el que uno puede contar, que está siempre disponible, y otro que sólo espera la hora de irse a su casa, para quienes la vida pasa sin sentido”; hay quienes se empeñan en ir contra su naturaleza y trabajan solo para recibir un cheque, solo les importa que llegue la hora de salida y así ceden su tiempo a una agenda que no les despierta el menor interés, anclan su potencial, viven una nueva esclavitud, propia, auto-impuesta, de nueve a cinco, sin propósito; que no te pase.

En una economía inteligente, el desafío no es motivar a nadie sino encontrar a los ya motivados por sí mismos, según Fredy Koffman en su libro Metamanagement “lo mejor es buscar individuos con el talento necesario para sobresalir en cierta posición y luego darles las herramientas necesarias” (2003:70); Jim Collins, en su libro Empresas que Perduran, sugiere trabajar solo con Gente A, gente dúctil y no galvanizada, gente que puede adaptarse a las nuevas condiciones sin romperse, que acepta la evolución y el caos resultante, que no espere a que alguien le diga qué hacer sino que toma los riesgos necesarios para convertirse en lo que debe ser. Sé de esa gente, maleable, no maleada.

Steve Jobs, fundador de Apple, decía:

“Durante los últimos 33 años me he mirado en el espejo cada mañana y me he preguntado si hoy fuera el último día de mi vida ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?, y cuando la respuesta era negativa durante varios días seguidos, sabía que tenía que cambiar algo”.

Cada mañana pregúntate lo mismo, adopta una mentalidad más propositiva, con Maestría.

 

Fe y oficio.

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